19 octubre, 2026

Por Liliana Baylon, LMFT, RPT-S, y EFIT/EFCT/EFFT Supervisora
liliana@lilianabaylon.com
Imagina a una pareja en su tercera sesión. Ella habla rápido entre lágrimas y pide más presencia. Él mira el piso y guarda silencio. Casi sin pensarlo, nuestra mente de terapeuta EFT ya dibujó el ciclo: ella persigue, él se retira.
Y puede que tengamos razón. Pero también puede que ese silencio signifique algo que todavía no entendemos. Tal vez, en su familia, callar era la forma de no lastimar. Tal vez es respeto. Tal vez es lo único que le funcionó cuando era niño y su papá se fue a trabajar al otro lado.
La pregunta no es si el ciclo existe. La pregunta no es si el ciclo existe. La pregunta es: ¿quién le está poniendo nombre, nosotros desde nuestro marco o la pareja desde su propia historia?
La EFT se basa en una idea poderosa: todas las personas necesitamos sentir que alguien está ahí, accesible y receptivo, cuando más lo necesitamos (Johnson, 2019). Creo profundamente en eso. Lo que no es universal es la forma. Cómo se protesta una desconexión, qué emoción se permite mostrar y frente a quién, quién consuela a quién, qué significa pedir ayuda: todo eso se aprende en una familia, en una comunidad, en una lengua y en una historia.
Quienes trabajamos en español tenemos buenas noticias. En un estudio con 102 clínicos de nueve países hispanohablantes, incluido México, las personas en formación reportaron una resonancia especial con el énfasis de la EFT en la emoción central, y menos dificultad para adaptarse al modelo que en la muestra original (Sandberg et al., 2020). Además, el primer ensayo clínico aleatorizado de EFT en contextos hispanohablantes, con sedes en Argentina, Costa Rica, Guatemala, México y España, surgió precisamente porque casi toda la evidencia previa provenía de parejas angloparlantes (Rodríguez-González et al., 2022).
Aquí quiero hacer una pausa porque esa buena noticia conlleva un riesgo. Cuando un modelo se siente como en casa, podemos dejar de preguntar. Suponemos que, como hablamos el mismo idioma y compartimos el mismo país, también compartimos los mismos significados. Pero México no es una sola cultura. Una familia maya del oriente de Yucatán, una pareja joven en Monterrey, una familia repartida entre Michoacán y Chicago o una pareja del mismo sexo en la Ciudad de México viven el apego, el género, la fe y la familia extensa de maneras muy distintas. La cercanía cultural puede ser una ventaja. También puede ser un punto ciego.
Durante años nos enseñaron competencia cultural: aprender sobre “la cultura del otro” como si fuera un contenido que se pudiera dominar. Tervalon y Murray-García (1998) propusieron otra cosa: un compromiso de autorreflexión que dura toda la vida, atento a los desequilibrios de poder en la relación de ayuda. Hook et al. (2013) describen la humildad cultural como una postura orientada al otro, no a uno mismo, marcada por el respeto y la ausencia de superioridad respecto de su propia experiencia cultural. En sus estudios, la humildad cultural que el consultante percibía en su terapeuta se asoció con una alianza más sólida y una mayor mejoría, y la revisión de Davis et al. (2018) encontró evidencia inicial en la misma dirección.
Vale decirlo con honestidad: esta investigación es mayormente correlacional y se ha realizado principalmente en Estados Unidos y en el contexto de la terapia individual. Nos orienta; no sustituye nuestra curiosidad clínica.
Para quienes practicamos EFT, esto no es un tema aparte. La alianza es la base segura desde la que una persona se atreve a tocar lo más vulnerable. Si no se siente vista en su cultura, difícilmente se sentirá segura ante su miedo.
Antes de llamar “retiro” a un silencio, pregunta. Cuando te quedas callado, ¿qué pasa por dentro? ¿Qué te enseñaron en tu casa sobre cómo hablar cuando las cosas se ponen difíciles? A veces aparece el miedo a fallarle a la pareja que esperábamos. A veces aparece algo más: lealtad, vergüenza ante la familia, la regla de no faltarle al respeto a nadie al alzar la voz. El ciclo sigue siendo el ciclo, pero el significado cambia la manera en que validamos los movimientos que lo componen.
Muchas personas llegan diciendo: “Yo aprendí a aguantar”. Desde una mirada apresurada, aguantar suena a supresión emocional, algo que hay que desarmar. Desde la humildad, primero vale la pena honrarlo: ¿a quién protegió ese aguante? ¿Qué hizo posible? En historias de migración, propias o familiares, ese aguante a veces sostuvo a todo un sistema. No toda migración es trauma, y no todo aguante es síntoma. Validar la función de una estrategia antes de invitar a la vulnerabilidad es, además, puro EFT.
En muchas familias, la abuela, la tía, la madrina o la comadre son figuras de apego reales, no un nombre más en el genograma. Preguntar quién cuida a los niños cuando mamá trabaja, o quién se quedó con ellos cuando papá se fue, puede cambiar a quién invitamos a la sesión. El respeto a la jerarquía también moldea las interacciones guiadas: pedirle a un adolescente que le diga directamente a su papá “me siento solo” puede percibirse en esa familia como una falta de respeto. A veces el camino es que el papá abra la puerta primero, con nuestro apoyo, para que su hijo pueda entrar.
Alguien podría preguntar si todo esto diluye la EFT. Es una pregunta legítima. El metaanálisis más completo hasta ahora sobre EFT de pareja encontró que una mayor fidelidad del terapeuta al modelo se asociaba con mejores resultados (Spengler et al., 2024). No veo una contradicción. Creo que la humildad cultural nos ayuda a distinguir entre el modelo y nuestra propia cultura incrustada en él.
Mi propuesta es sencilla: ser fiel al proceso y flexible con la forma. Sintonizar, reflejar, validar, rastrear el ciclo, ofrecer conjeturas empáticas y acompañar en nuevos momentos de contacto son el corazón de la EFT. Qué palabras usamos, a qué ritmo vamos, quién está en la sala y qué significa cada emoción en esa familia, eso lo aprendemos de ellos. De hecho, una conjetura empática bien hecha ya es un acto de humildad: la ofrecemos con tentativita y nos dejamos corregir. “Corrígeme si me equivoco” no es una muletilla. Es una postura.
La EFT nos enseñó que el amor tiene una lógica. Yo agregaría que entender esa lógica implica aprender, cada vez, el idioma emocional de quien tenemos enfrente. La humildad cultural no es un agregado a la EFT. Es una manera de practicarla con el mismo respeto con el que pedimos a nuestros consultantes que se acerquen el uno al otro.
Referencias
Davis, D. E., DeBlaere, C., Owen, J., Hook, J. N., Rivera, D. P., Choe, E., Van Tongeren, D. R., Worthington, E. L., Jr., & Placeres, V. (2018). The multicultural orientation framework: A narrative review. Psychotherapy, 55(1), 89–100. https://doi.org/10.1037/pst0000160
Hook, J. N., Davis, D. E., Owen, J., Worthington, E. L., Jr., & Utsey, S. O. (2013). Cultural humility: Measuring openness to culturally diverse clients. Journal of Counseling Psychology, 60(3), 353–366. https://doi.org/10.1037/a0032595
Johnson, S. M. (2019). Attachment theory in practice: Emotionally focused therapy (EFT) with individuals, couples, and families. Guilford Press.
Rodríguez-Gonzalez, M., Anderson, S., Osorio, A., Lafontaine, M.-F., Greenman, P. S., Calatrava, M., Andrade, D., Lybbert, R., Martínez-Díaz, P., Steffen, P., de Irala, J., & Sandberg, J. (2022). Efficacy of Emotionally Focused Therapy among Spanish-speaking couples: Study protocol of a randomized clinical trial in Argentina, Costa Rica, Guatemala, Mexico, and Spain. Trials, 23(1), Article 891. https://doi.org/10.1186/s13063-022-06831-7
Sandberg, J. G., Rodríguez-González, M., Pereyra, S., Lybbert, R., Perez, L., & Willis, K. (2020). The experience of learning EFT in Spanish-speaking countries: A multinational replication study. Journal of Marital and Family Therapy, 46(2), 256–271. https://scholarsarchive.byu.edu/facpub/4193
Spengler, P. M., Lee, N. A., Wiebe, S. A., & Wittenborn, A. K. (2024). A comprehensive meta-analysis on the efficacy of emotionally focused couple therapy. Couple and Family Psychology: Research and Practice, 13(2), 81–99. https://doi.org/10.1037/cfp0000233
Tervalon, M., & Murray-García, J. (1998). Cultural humility versus cultural competence: A critical distinction in defining physician training outcomes in multicultural education. Journal of Health Care for the Poor and Underserved, 9(2), 117–125. https://doi.org/10.1353/hpu.2010.0233