EFT en Alaska: construir comunidad en un entorno de supervivencia

12 mayo, 2026

Entre desafíos ambientales, aislamiento, diversidad cultural y una sensación constante de alerta, Carolina Hernández, terapeuta certificada en EFT, ha logrado construir y liderar la comunidad de EFT en Alaska.

Lo que comenzó como un grupo de tres personas es hoy una red de alrededor de 60 terapeutas, crecimiento que ha impulsado durante los últimos tres años junto a su socia Theresa Hudgins. “Fue muy bonito, porque noté que la gente ya nos conoce como una comunidad. Están preguntando por EFT, y por eso podemos hacer más entrenamientos”, comparte Carolina.

Un entorno atravesado por el trauma

Desde hace 11 años, Carolina vive con su familia en Alaska, un contexto que presenta retos muy particulares para la práctica clínica. Uno de los más relevantes es que sus habitantes suelen vivir en un estado de alerta constante, marcado tanto por las condiciones del entorno como por las dinámicas laborales.

A esto se suma una problemática significativa: el alcoholismo. “Es tan grave la situación que en muchos de los pueblos es ilegal obtener y tomar alcohol. Muchos lo usan para curar la soledad, especialmente en invierno”, expresa.

 “Para muchos terapeutas, trabajar en Alaska es trabajar con y dentro de un estado de trauma. EFT es la respuesta que hemos necesitado”, explica.

Sostener el vínculo en la ausencia

Las condiciones de vida hacen que muchas personas —militares, bomberos, personal de emergencia, pescadores, policías o médicos— entren y salgan constantemente del territorio, dificultando la construcción de vínculos seguros y estables. 

Carolina relata que ha estado en sesión con personas que deben llevar su walkie-talkie mientras trabajan. Reciben una llamada y tienen que irse abruptamente, dejando el proceso emocional abierto. “Esas cosas se hacen muy difíciles porque es como que cada dos semanas tenemos que empezar de nuevo”.

El impacto del entorno en la experiencia emocional

A esto se suma el impacto de los largos periodos de oscuridad y los ciclos estacionales. “Uno se deprime aquí (…) y la gente se enferma, y nosotros también pasamos por eso. Porque sin el sol y vitamina D, todo se va”. Con el tiempo, han aprendido a reconocer patrones que se repiten año con año, especialmente durante los meses de invierno, cuando aumentan las crisis emocionales y la ideación suicida.

Estos factores se integran directamente en el trabajo clínico. “Tenemos que siempre estar pensando en esto y traerlo al ciclo de apego; cómo afectan esas cosas que no podemos controlar y qué pasa con eso, qué pasa con nuestra comunicación”. Carolina explica que muchas personas, especialmente mujeres, enfrentan estas exigencias en soledad, sin pedir ayuda o regulación emocional a sus vínculos más cercanos.

La escasez de recursos en ciertas regiones, las exigencias de subsistencia y el aislamiento impactan directamente en el cuerpo y en la regulación emocional. “Y eso lo trabajamos como si fuera trauma. Porque es un trauma para el cuerpo estar sin las necesidades”. Sin embargo, también han aprendido a trabajar desde la resiliencia y los recursos que las personas desarrollan para sostenerse en medio de estas condiciones.

El terapeuta dentro del mismo entorno

En este contexto, el trabajo terapéutico también implica sostener a otros mientras se atraviesan las mismas experiencias. “Eso a veces puede ser muy duro y se siente uno muy aislado. Porque a la misma vez que tenemos que ser el ‘stronger, wiser other’ con la gente que estamos trabajando, también estamos pasando eso nosotros”.

Carolina señala además una paradoja importante: aunque las personas suelen responder con generosidad en situaciones de emergencia, la vida cotidiana está marcada por el aislamiento y la falta de comunidad sostenida. “Sí hay gente que tiene su comunidad, pero para muchos de nosotros o nuestros pacientes no tenemos eso”. El entorno mismo refuerza un estado constante de anticipación y alerta. “El apego es lo que más se necesita y, al mismo tiempo, lo que menos está disponible”.

Una comunidad que transforma

A pesar de todo, Carolina destaca el profundo compromiso que muchas personas han desarrollado con la comunidad EFT en Alaska. “Hay gente muy dedicada, porque EFT cambió cómo ellos vieron la terapia, cambió su perspectiva de su vida, de todo”. Cuando encuentran EFT, dice, “les cambia todo”.

En el espíritu mismo de EFT, el trabajo que Carolina ha construido en Alaska no ha sido un esfuerzo individual. Ha estado sostenido por la comunidad, por las personas que se han ido sumando, por su socia, su esposo, sus mentores y otras figuras dentro de la comunidad internacional de EFT. Saber que otras personas creen en el proyecto y continúan motivadas por aprender ha sido el impulso que le ha permitido seguir adelante.

Nos enorgullece profundamente que nuestra colega lleve su formación y experiencia más allá de fronteras, encabezando hoy la comunidad EFT en Alaska.

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