Desconectar para poder conectar

Desconectar para poder conectar

La conversación persona a persona está en problemas.  Es evidente que cada vez nos sentimos más incómodos con ella y toleramos menos el tiempo de atención y escucha sostenida que requiere.  Hemos saboreado ya los placeres que derivan de la presentación de nuestras personas con toda la edición y retoque posible, incluso hemos sido socialmente reforzados con likes por hacerlo.  ¿Por qué habríamos entonces de preferir o privilegiar la interacción directa que nos niega esa opción?   Las relaciones interpersonales son complicadas y demandantes. La conversación real sucede en tiempo real y no puedes controlar cada cosa que vas a decir ¿Cómo no preferir entonces un medio de comunicación digital en el que puedes tener el contacto humano que necesitas pero justo en las cantidades y en la profundidad que puedes controlar?  Si no quiero no respondo ahora o no respondo en absoluto, muchas veces ni siquiera tendré que dar una opinión o asumir una postura clara, para eso están los emojis y los gifs.   

Sin embargo, hay un precio elevado que pagamos y probablemente también negamos o desconocemos.  Cuando en estudios controlados se ha comparado la calidad de la comunicación directa cara a cara con la de otros tipos de comunicación digital la conclusión ha sido muy clara: La conversación personal fue la que llevó a una mayor conexión emocional y la conversación por medio de mensajes escritos fue la que condujo a una conexión menor.  ES CUANDO NOS VEMOS LAS CARAS Y ESCUCHAMOS NUESTRAS VOCES cuando conectamos con nuestra propia humanidad y la utilizamos para conectar con los demás.  Creo que es por eso que la idea de salir a tomarse un café con alguien no ha pasado de moda y probablemente sea de las pocas oportunidades que tenemos hoy día para tener una conversación en la que realmente nos tomemos el tiempo para pasar de la plática trivial a los temas que realmente nos muestran y conectan emocionalmente. 

Pero también la plática de café está en problemas, podría perder su magia en cualquier momento.  ¿Han visto estos letreros? Cada vez hay en más lugares.  Nos parecen de lo más simpáticos pero no sé si nos los estamos tomando en serio.  

La realidad es que incluso cuando conseguimos encontrarnos cara a cara la calidad de nuestra interacción puede ser limitada.  Hay estudios que demuestran que la simple presencia del teléfono en nuestro campo visual tiende a bloquear la empatía e incluso influye en el contenido de lo que conversamos. Estos estudios sugieren que al tener el celular sobre la mesa, incluso apagado, inconscientemente promoveremos temas de conversación más superficiales y de menor controversia porque: a) sabemos que seremos interrumpidos en cualquier momento cuando el teléfono de alguna de las partes lo indique y b) porque de esa manera nos mantenemos más cerca de la posibilidad de interrumpir la conversación con la finalidad de poder hacer un "break tecnológico" .  Es como si necesitáramos hacer "descansos de la conversación" cada determinado tiempo, solo que en lugar de que esas pausas sean para ir al baño ocurren para que alguna o todas las partes puedan meterse a una red social y "tomar aire". ¿Qué dice de nosotros (y de nuestras relaciones) que necesitemos tomar aire del otro cada determinado número de minutos o que tengamos que enfriar la conversación cada vez que se pone muy personal?  ¿Cuándo vamos a poder llegar entonces a esas conversaciones que son tan ricas? 

Quizás no somos totalmente conscientes de esto pero cuando estamos platicando con otra persona casi siempre hay un teléfono móvil a la mano entre nosotros y lo que ocurre es que la calidad de ese encuentro estará determinada en gran parte por ello.  Estaremos ahí, en donde quiera que nos encontremos, intentando mirarnos y encontrarnos mientras estamos bajo una sombra que nos oculta parcialmente del otro.  

Tanto la ciencia como la experiencia personal nos pueden demostrar algo que ya sabemos pero que no queremos admitir: al final de la mayoría de nuestras conversaciones probablemente nos estamos sintiendo menos entendidos y conectados con el otro; incluso me atrevo a decir que si  sintonizamos con nuestras propias emociones justo en esos momentos en los que estamos sentados uno frente al otro y cada uno en su celular, encontraremos que no solamente sentimos un sabor amargo sino que también nos sentimos un poco solos.  




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