Abrázame Fuerte

Abrázame Fuerte

El amor exige la seguridad del contacto. La mayoría de las peleas son protestas acerca de la desconexión emocional. Debajo de la angustia, las parejas están desesperadas por saber: ¿Estás ahí para mí?

Crecí en el bar de mis padres en Inglaterra, en donde siempre había mucho drama. Y todo el drama – Peleas, coqueteos, lágrimas, berrinches – giraban en torno al amor. También vi cómo mis padres destruyeron su propio amor el uno al otro. Desde aquel entonces he estado en una misión para descubrir qué es el amor. Mi madre lo describía como “5 minutos graciosos.” También ha sido llamado una misteriosa mezcla de sentimientos y sexo. O una combinación de infatuación y compañía. Bueno, es más que eso.

 Mis ideas personales, obtenidas de investigar y asesorar a más de mil parejas en los últimos 35 años, se han combinado con un cuerpo creciente de estudios científicos, hasta el punto en el que puedo decir con seguridad que sabemos lo que es el amor. Es intuitivo, pero no necesariamente obvio: Es la búsqueda continua por una conexión básica y segura con alguien más. Aunque con este vínculo, las parejas enamoradas se vuelven emocionalmente dependientes el uno del otro para nutrir, calmar y proteger. 

Estamos configurados cerebralmente para necesitar contacto emocional y responsividad de otras personas significativas. Es una respuesta de supervivencia, la fuerza impulsora del vínculo de seguridad que el bebé busca con su madre. Esta observación está en el corazón de la teoría del apego. Una gran cantidad de evidencia indica que la necesidad de un apego seguro nunca desaparece; evoluciona hacia una necesidad adulta de conexión segura con una pareja. Piense en cómo una madre amorosamente mira a su bebé, así como dos amantes se miran fijamente a los ojos.

A pesar de que nuestra cultura ha enmarcado la dependencia como algo malo, una debilidad, no lo es. Estar apegado a alguien nos provee con la mayor sensación de seguridad y protección. Significa depender de que la pareja responda cuando la llames, el saber que le importas a él o a ella, que eres querido,  que responderá a tus necesidades emocionales.

El principio más básico de la teoría del apego es que el aislamiento – no solo aislamiento físico sino también emocional – es traumatizante para los seres humanos. El cerebro realmente lo codifica como peligro. Gloria Steinem una vez dijo que una mujer necesita a un hombre como un pez necesita una bicicleta. Cosa que no tiene sentido

El drama del amor que podía observar en el bar cada noche cuando era una niña es completamente acerca del hambre humana por una conexión emocional segura, un imperativo de supervivencia que experimentamos desde la cuna hasta la tumba. Una vez que nos sentimos seguros y conectados con nuestra pareja,  podemos tolerar el dolor que ellos –inevitablemente – nos infligirán en el transcurso de nuestra vida diaria.

Conexiones rotas
 
Comenzamos intensamente conectados y sensibles hacia nuestras parejas. Pero nuestro nivel de atención tiende a disminuir con el tiempo. Luego experimentamos momentos de desconexión, veces en donde no expresamos nuestras necesidades claramente. Él está alterado y realmente quiere consuelo, pero ella lo deja solo, pensando que quiere soledad. Estos momentos son realmente inevitables en una relación. Si vas a bailar con alguien puedes esperar que te pisen los pies de vez en cuando.

Perder la conexión con un ser amado, sin embargo, compromete nuestro sentido de seguridad. Experimentamos un sentimiento primitivo de pánico. Activa una alarma en la amígdala del cerebro, nuestro centro de miedo, en donde estamos altamente sintonizados con amenazas de cualquier tipo. Una vez que la amígdala lanza una alarma, no pensamos – actuamos. La amenaza puede venir desde el mundo de afuera, o desde nuestro propio cosmos interior. Es nuestra percepción la que cuenta, no la realidad. Si nos sentimos abandonados en un momento de necesidad, estamos configurados para entrar en un estado de pánico.

Es lo que hacemos a cotinuación, después de esos momentos de desconexión, que tiene un gran impacto en la forma que adquiere nuestra relación. ¿Puedes darte la vuelta y reconectarte? Si no, comenzarás a meterte en peleas que siguen un patrón claro. A éstos los llamo “diálogos demoniacos.” Si ganan impulso, comenzarán a hacerse cargo e introducir una terrible sensación de soledad emocional. Su relación se siente menos y menos como un lugar seguro, y comienza a deshacerse. Comienzas a dudar que tu pareja está ahí para ti, que te valora. O que ella te pondrá a ti primero.

Considera a una pareja con su primer hijo recién nacido. Tener un bebe es estresante,  una experiencia de deprivación del sueño. Pero también un tiempo en donde los miedos y necesidades de apego de las personas son particularmente fuertes. El hombre puede pensar algo como, “Sé que está mal y sé que es patético, pero siento que he perdido a mi esposa por el niño.” Y la mujer podría decir, “Cuando tuve al bebé me sentí tan frágil. Estaba cuidando a esta pequeña creatura y solo necesitaba un poco de confort y cuidado para mí, pero él estaba trabajando todo el tiempo.” Sus intenciones son buenas – a ella le importa el infante, él trabaja duro para mantener a su nueva familia – pero fallan en darse el uno al otro lo que realmente necesitan.  O piensen en un hombre al que le va solamente bien en su trabajo mientras que su esposa vuela alto en su nueva Carrera.  Ella pasa muchas horas en proyectos emocionantes mientras el está privado de afecto, atención y sexo. Acostado en la cama solo por las noches, esperándola, se siente como un tonto por necesitarla tanto – y también molesto por que ella no puede ver lo mucho que su ausencia le afecta. 

Pero no hablamos de estos conflictos en términos de necesidades de apego profundamente arraigadas. Hablamos de las emociones superficiales, de la ira o indiferencia y el culparse el uno al otro. “El está tan molesto; me siento tan atacada,” o “Ella es tan fría, ¡no creo que le importe en lo absoluto!” Cada persona se resguarda en una esquina, haciendo más difícil que ambos expresen sus necesidades fundamentales de apego, excluyendo la habilidad de obtener seguridad el uno del otro.

Las mujeres comúnmente son más sensibles a las primeras señales de desconexión que los hombres, y su respuesta es a menudo comenzar con lo que llamo el baile de la desconexión. Casi ritualmente perseguirán a su pareja en el fútil intento de conseguir una respuesta confortante. Pero lo hacen de una manera en la que casi garantiza que su necesidad básica no sea obtenida – culpan a su pareja por fallarles de una manera tan esencial.

A los hombres por el otro lado, se les ha enseñado a suprimir sus respuestas emocionales y sus necesidades, lo que los inclina a retirarse del conflicto. Pero su ira y su retiro enmascaran lo que que está debajo de la superficie – una vulnerabilidad subyacente y necesidad de conexión, ahora compuesta de tristeza, vergüenza, y más que nada, miedo.

Lo que pasa muy seguido,es que las parejas no ven que la mayoría de las peleas son realmente protestas ante la desconexión emocional. Debajo de toda la angustia, las parejas están desesperadas por saber: ¿Estás ahí para mí? ¿Me necesitas? ¿Me consideras?

Reparando enlaces emocionales.

Desde hace años, los terapeutas han visto a estos diálogos demoniacos como luchas de poder. Han intentado resolver las peleas de las parejas enseñándoles habilidades de resolución de conflictos. Pero esto es algo así como ofrecerle un Kleenex a alguien como la cura de una enfermedad viral de neumonía. Esto ignora las cuestiones de apego que subyacen el patrón. En lugar de conflicto o control, el problema desde la perspectiva del apego, es el distanciamiento emocional.

Y lo que es frustrante para la gente es el no saber cómo tender un puente en esa distancia emocional. En mi oficina, los hombres a veces me dicen, “Hago todo tipo de cosas para mostrar que me importa. Corto el césped, regreso con un buen salario, resuelvo problemas y no estoy jugando por ahí. ¿Por qué al parecer esas cosas no importan, y todo lo que cuenta para mi esposa es que hablemos de cosas emocionales y nos acurruquemos?” Yo les digo, “Por qué es la manera en la que están hechos. Necesitamos de alguien que nos preste verdadera atención, que nos abrace fuerte. ¿Has olvidado que tú también lo necesitas?

Cuando peleamos con nuestras parejas,  tendemos a seguir la pelota mientras ésta pasa sobre la red, prestando atención a la última que nos arrojaron – en lugar de prestar atenció a si queremos estar en el juego en absoluto.  Es posible romper con los diálogos demoniacos, pero el primer paso es estar consciente del mismo juego, no solo de jugar por jugar. Una vez que se den cuenta de que están enganchados en su patrón  de discusión, pueden estar de acuerdo en que se debe poner el juego en espera.

Las decepciones son siempre parte de las relaciones. Pero siempre puedes elegir cómo manejarlas. ¿Reaccionaras de una manera defensiva y desde el  miedo? o con el espíritu de entender? Digamos que tu pareja dice, “No tengo ganas de tener sexo esta noche.” Puedes tomar un respiro, pensar en lo mucho que te ama y decir, “Vaya, que mal,  realmente estaba deseando eso.” O puedes escupir un sarcástico, “¡Claro! Ya nunca hacemos el amor,  ¿verdad?

Por supuesto, quizás no sientas que tienes una elección cuando tu botón de pánico ha sido apretado y tus emociones están hirviendo. Pero el saber que esos botones han sido presionados puede ayudar a calmarte. Puedes pensar para ti mismo, “¿Qué está pasando aquí? Estoy gritando. Pero por dentro me siento muy pequeño.” Luego puedes decirle a tu pareja “Me asusté mucho allí atrás – me siento herido.”

Si tomas un salto de fe y respondes con tal oferta para la reconexión, tienes la esperanza de que tu pareja reconecte también, en lugar de decir algo doloroso como, “Bueno, estas siendo asnalmente difícil.” Esa es la parte difícil de las relaciones: para cambiar el baile ambas personas deben cambiar sus pasos.

Sencillamente aceptar tus necesidades de apego en lugar de sentirte avergonzado de ellas es un gran y necesario primer paso, y esto aplica para tanto para la gente soltera como para quienes están en una relación. Una persona soltera podría decir, “Estoy deprimido porque estoy solo, y sé que no debería sentirme así; sé que debería ser independiente.” Bueno, ¡claro que te sientes deprimido si te sientes solo y cuando te das la vuelta y te das unos golpes a ti mismo por ello! Cuando estás avergonzado tiendes a esconderte de los otros, desencadenando un ciclo vicioso que casi asegura que no encontraras la conexión social que necesitas.

El tacto es curativo.

Un hombre me diría muy seguido, “Aunque piense que ella me necesita o que está huyendo despavorida, ¡no sé qué hacer!” Terminará haciéndole a su esposa una taza de té, lo cual es muy lindo – pero no es para lo que le han llamado.  Sin embargo, si él le hubiera puesto la mano en el hombro y la hubiera atraído hacia él su oferta de conexión habría sido mucho más exitosa.  Los hombres mayormente dicen que no saben qué hacer. Sin embargo los hombres saben cómo calmar –lo hacen con sus hijos, metiéndolos por la noche y susurrándoles gentilmente. La diferencia es, ellos ven la vulnerabilidad de los niños y responden a ella, pero cuando miran a sus esposas, solo ven a alguien juzgándolos. Pero ella también se siente vulnerable.

Tocar es la manera más básica de conectar con otro ser humano. Tomar la mano de tu pareja cuando está nerviosa o tocar su hombro en medio de una discusión puede instantáneamente desactivar la ansiedad y la ira.  El mundo de la terapia ha tenido una obsesión con el mantenimiento de los límites en los años recientes. Digo que nuestro problema es lo contrario – Todos estamos separados el uno del otro. 

 Si miras a dos personas enamoradas, ellos se tocan todo el tiempo. Si observas a dos personas encontrando su camino de regreso a una relación amorosa después de caer en los diálogos demoniacos, también se tocan más. Ellos literalmente se alcanzan el uno al otro, es una señal tangible de su deseo por la conexión.
 
Sexo seguro (y pícaro)

Un gran mito sobre el amor es que forzosamente es  “mejor al principio,”, que la pasión es una fiebre hirviente que debe calmarse.  Es un poco tonto. No veo a ningúna razón científica o humana por la que la gente no pueda vivir una relación amorosa a largo plazo.  Entre las personas que tienen amoríos, ellos no lo hacen porque su vida sexual es aburrida. Nunca ha llegado nadie a mi oficina a decirme que tienen un amorío con otra persona por que estaban aburridos en la cama. Tienen un amorío porque se sienten solos, porque no se pueden conectar emocionalmente con su pareja. Luego alguien más les sonríe y les hace sentir especiales y valorados – y de repente, están en una situación extraña en donde están comprometidas con una persona pero se encuentran respondiéndole a otra.

La pasión es como cualquier otra cosa: Solo fluye. Pero el sexo siempre será aburrido si es unidimensional, cortado de la conexión emocional. Por otra parte, si estas emocionalmente involucrado, el sexo tiene cientos de dimensiones y es tan juguetón como apasionado.  Llamo a este tipo de sexo seguro “Sexo sincrónico”, donde la apertura emocional y el interés, un toque tierno, y exploración erótica se juntan. Cuando las parejas tienen una conexión emocional segura la intimidad física puede retener todo su ardor inicial, su creatividad y algo más. Los amantes pueden ser tiernos y juguetones por un momento, ardientes y eróticos en otro. Las parejas  con apego seguro pueden expresar más abiertamente sus preferencias y necesidades y son más abiertos a experimentar sexualmente con sus parejas. 

 En una relación segura, el entusiasmo no proviene de intentar resucitar los momentos novedosos de una pasión alocada, sino del riesgo que implica permanecer abierto en el momento a momento, en el aquí y ahora a la experiencia de conexión física y emocional.  Con esta apertura surge la sensación de que  hacer el amor con tu pareja siempre es una nueva aventura.

Amor duradero.

Una vez que te hayas reconectado con tu pareja y las necesidades de apego de ambos estén cubiertas deben seguir trabajando para ser emocionalmente receptivos el uno con el otro. Pueden hacer eso ayudándose mutuamente a identificar los problemas de apego que tienden a aparecer en sus discusiones recurrentes.  Si, por ejemplo,  siempre explotas ante  los riesgosos viajes  en donde tu novia escala montañas,  le hablas de cómo tu ira nace del miedo a perderla.  Averigua como puede tomar más precauciones. O, si seguidamente te sientes abandonada  cuando te deja con la dura tarea del cuidado de los hijos, planea como tú y tu pareja pueden ser mejores padres en conjunto, para que no le llames perezoso en un momento de frustración.

También deben celebrar los momentos positivos juntos, sean grandes o pequeños. Regularmente y deliberadamente sosténganse, abrácense y bésense el uno al otro cuando despierten, dejen la casa, regresen, y vayan a dormir. Reconozcan días especiales, aniversarios, y meses de maneras personales. Estos rituales mantienen su relación segura en un mundo caótico y distractor.

Las historias moldean nuestras vidas, y las historias que contamos acerca de nuestras vidas nos moldean en turno. Crea una historia del amor futuro para ti y tu pareja que describa cómo es su vida juntos 5 o 10 años por el mismo camino. Hará que su conexión sea más fuerte.

Brazos bien abiertos.
 
Porque el apego es una necesidad universal,  la visión del amor vinculado al apego también puede ayudar a los padres a entender conflictos con sus hijos. Hace poco estaba en un café con mi hijo adolecente, gritándole por culpa del rugido de la máquina de café con leche, mientras él se enfurruñaba y resoplaba. De repente dijo, “Mamá, estamos haciendo esa cosa en donde siento que me estas criticando, y sientes como si no me importara lo que me tienes que decirme.” Ambos comenzamos a reír, y mi ira se derritió.

Ahora que sabemos de qué trata realmente el amor, sabemos cómo sostenerlo. Depende de nosotros utilizar ese conocimiento para nutrirlo con nuestras parejas y familias. Y luego, con la empatía y el coraje que nos enseña, podemos buscar maneras para sacarlo al mundo y hacer una diferencia.

 

Traducido del artículo original publicado en Enero 01, 2009 - última revisión en Julio 07, 2012 http://www.psychologytoday.com/articles/200812/hold8me8tight

 

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